
Viernes, 10 de junio de 2005Colaboración leída en el programa “Hoy por hoy” de Radio Zaragoza, dirigido por David Marqueta
¡Hola, amigos!
Hoy navegamos por el Canal Imperial, por la magna obra que concluiría Ramón Pignatelli.
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La llegada a Zaragoza de las aguas del Canal, en 1784, supondría una profunda transformación en la sociedad aragonesa. Aumentaron casi un tercio las tierras cultivadas, que se repartieron entre pequeños propietarios.
El plan utópico de disponer de un canal hasta Sástago, para permitir navegar el Ebro entre el Atlántico y el Mediterráneo, nunca llegó a ser una realidad.
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El Canal Imperial se aprovechó para el transporte de personas y mercancías desde Tudela a Zaragoza. El barco de viajeros, con noventa plazas, que realizaba el trayecto desde Zaragoza, iba tirado por tres caballerías. En los años veinte, una flota de más de treinta barcos se empleaba para el transporte de remolacha.
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Igualmente acogió otras competiciones más jocosas. En las Fiestas del Pilar de 1912 programaron un juego que, según se decía, era “nuevo en Zaragoza”. Se celebró junto a la Quinta Julieta, ante numerosos espectadores. Consistía en echar un pato al agua y desde la otra orilla se arrojaban en persecución del animal.
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Nuestro Canal Imperial
arteria es de mucha sangre.
Si un mal día se agotara
no me desampares, hambre.
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