22/4/26

Las carreras pedestres de Gelsa

 

Gelsa. Salida de la carrera pedestre de niños y niñas en la fiestas de 1977


Celedonio García

El 23 de enero de 2026 se publicó en el BOA (Boletín Oficial de Aragón) la resolución de 13 de enero de 2026, de la Directora General de Patrimonio Cultural de Aragón, por la que se iniciaba procedimiento y se abría un periodo de información pública, para la declaración de “Las carreras pedestres tradicionales en Aragón” como Bien de Interés Cultural Inmaterial. (BOA 23 de enero de 2026). A partir de esa fecha, hay un plazo máximo de dieciocho meses para la resolución del procedimiento.

Las carreras pedestres son una manifestación cultural profundamente arraigada en Aragón. Se celebraban en la práctica totalidad de las poblaciones aragoneses durante festejos organizados con motivo de las fiestas patronales, fiestas de cofradía, de barrio o actos conmemorativos.

Existe documentación desde los primeros años del siglo XVI de la celebración de “corridas de espadas” (Perdiguera, Monzón, Monegrillo, Farlete, Huesca, La Almolda o Valfarta), que irían evolucionando a los largo de los siglos a las típicas “corridas de pollos”, tan extendidas por Aragón durante los siglos XVIII, XIX y XX.

La denominación de la carrera se debe al premio que se otorgaba a los vencedores. Habitualmente, el vencedor recibía tres pollos, el segundo clasificado, dos, y, el tercero, un pollo. En muchos lugares, el cuarto o el último, se consolaba con una cebolla. La cebolla se podría considerar un premio humillante, pero también fue muy apreciada en la época de posguerra.

En algunas comarcas o lugares determinados surgieron carreras con otra denominación por el premio que recibía el vencedor y, a veces, su origen se basa en alguna leyenda. En lugares limítrofes con Cataluña el vencedor recibía una cordera y los pollos estaban destinados a los puestos secundarios. En la ribera alta del Ebro, limítrofe con Navarra, la “corrida” se denominaba “joya”; unas veces se premiaba con pollos y otras con algún objeto relacionado con la festividad (medalla, sortija). La “corrida de la cuchara” de Aínsa tiene su origen en una bonita leyenda originada tras la batalla y victoria de los cristianos sobre los musulmanes, y estuvo relacionada con la Morisma. Otras carreras, con los niños como protagonistas, también tienen su origen en rituales y leyendas (la “corrida de las peras” de Adahuesca, o la “corrida de los melocotones” de Ejulve).

Las carreras tradicionales que todavía se conservan en Aragón se pueden catalogar entre las más antiguas del mundo. Prácticamente todas ellas son centenarias y según los trabajos realizados por el catalán Toni Santisteban, en Aragón se celebran en torno la mitad de las carreras centenarias que se disputan en el mundo.

Durante el siglo XX, en muchos lugares dejaron de premiar a los vencedores de las carreras pedestres con aves de corral y los premios pasaron a ser en metálico. La prueba cambió su denominación por “corrida pedestre”, primero, y, después, “carrera pedestre”, que es la denominación generalizada en la actualidad.

Los premios en metálico atrajeron a corredores destacados de fuera de la comarca, incluso a nivel nacional, principalmente procedentes de Cataluña. También llegaron las sanciones a los atletas federados, comúnmente denominados “profesionales”, porque la Federación de Atletismo velaba por la moral “amateur” de este deporte en aquella época.

La corrida de pollos de las fiestas en honor a la Virgen del Buen Suceso

Al margen de los actos religiosos, las vaquillas y los toros siempre han sido los festejos que más han atraído a la concurrencia durante la celebración de las fiestas patronales en honor a la excelsa Virgen del Buen Suceso, que anualmente se celebran en torno al 8 de septiembre. Tampoco faltaban otros festejos típicos como la música de dulzaina y tamboril, los gigantes y cabezudos, los fuegos artificiales, globos aerostáticos, iluminaciones, cucañas, corrida de pollos, prestigiosas bandas de música y los bailes, especialmente el denominado baile de la Fritada, con dulzaina y tamboril y, a veces, también con la banda.

Las crónicas del siglo XIX se limitan a comentar los actos taurinos. Como ejemplo, en 1865, hubo corrida de toretes lidiados por varios jóvenes de la localidad, que habían constituido una sociedad taurina; fueron picados, banderilleados y muertos por Sixto Genzor y Juan Guzmán. Los toretes lucían lujosas y elegantes moñas regaladas por Pascuala Falcón, Teresa Celestino y Encarnación Madasú.

Al igual que en las vaquillas, en la “corridas de pollos” participaban destacados aficionados locales. En 1901 vencieron Francisco Morellón y Miguel Falcón.

Era habitual que la “corrida de pollos” o “corrida pedestre” denominada de pollos con premios en metálico a partir de la segunda década del siglo XX, se celebrase el día 10, después de comer, de dos a tres de la tarde.

En 1919, la “corrida de pollos” se anunciaba para corredores locales y de fuera. En 1922 seguía denominándose “corrida de pollos”, aunque desde hacía varios años las aves de corral ya no se entregaban de premio. Este año consistieron en 15, 10 y 5 pesetas para los tres primeros clasificados, respectivamente.

En los años veinte participaron en la carrera pedestre algunos de los mejores corredores de Aragón. En 1923 venció Vicente Magén, residente en el barrio zaragozano de Montañana, pero natural de Used. Aquel año Vicente Magén había formado parte del equipo aragonés que las sociedades deportivas de Zaragoza habían enviado al Campeonato de España de Cross celebrado en San Sebastián. El éxito del equipo aragonés, con su hermano Dionisio Magén a la cabeza, contribuyó para que ese mismo año se crease la Federación Aragonesa de Atletismo.

El segundo clasificado de la carrera pedestre de 1923 fue el local Florencio Loras y el tercero un destacado corredor de Mediana, Agustín Perún.


Pascual Salvador, vencedor de la carrera pedestre de Gelsa en 1926 

En la década de los años veinte la prueba pasó a denominarse “carrera pedestre”, aunque popularmente se seguía hablando de “corrida de pollos” y durante unos cuantos años se mantuvieron los premios de 15, 10 y 5 pesetas para los tres primeros clasificados. La crónica del Heraldo de Aragón de las fiestas de 1926 no aporta datos sobre los rituales de la carrera. Se seguía celebrando el día 10, a las cuatro de la tarde, y se clasificaron en los tres primeros puestos, respectivamente, Pascual Salvador, Julio Aznar y Vicente Labarta. Los premios de 15, 10 y 5 pesetas fueron entregados por la alcaldesa Florinda Royo* y la hija del juez municipal, Francisca García.

En 1927, el gran corredor de Gelsa, Florencio Loras, sumaba su sexta victoria en la “corrida de pollos” (denominación que se daba en el programa de fiestas), que mantenía los mismos premios en metálico de años anteriores.

Al año siguiente, en 1928, los premios subieron considerablemente. Fueron de 50, 25 y 10 pesetas. Y más aún en 1929, que se elevaron a 125 y 50 pesetas, permitiéndose la participación de corredores de fuera de la localidad.

Florencio Loras siguió manteniendo la supremacía de la carrera en 1928, venciendo a Manuel Pérez y a Alejandro Valenzuela, de Zaragoza, segundo y tercero, respectivamente.

En los inicios de la década de los años 30, del siglo pasado, la carrera pedestre de Gelsa adquirió un gran auge. En 1930 se programaron dos carreras pedestres durante las fiestas, una el día 9, consistente en ocho vueltas desde la plaza a la ermita, con premios de 100, 60 y 35 pesetas a los tres primeros, respectivamente. Además se gratificaba con 5, 7 y 10 pesetas a los corredores que terminasen la carrera y pasaran primero por meta en cada una de las tres primeras vueltas. En la carrera del día siguiente, 10 de septiembre, solo podían participar los corredores de la villa. El recorrido era de cuatro vueltas desde la plaza a la ermita y los premios de 25, 15 y 10 pesetas. Las gratificaciones por pasar primero en las tres primeras vueltas consistieron en 2, 3 y 5 pesetas.

Este mismo año, el 24 de octubre de 1930, también se organizó una “gran carrera pedestre” con motivo de los festejos organizados por la inauguración del puente sobre el Ebro, que tuvo lugar el día 25. En la carrera podían tomar parte los corredores forasteros y los premios para los tres primeros clasificados consistieron en 100, 60 y 40 pesetas, respectivamente.

En las fiestas de 1931 se mantuvieron las dos carreras con las mismas características del año anterior. Las dos carreras programadas en las fiestas, habituales en muchos lugares, duraron poco tiempo. En el programa de fiestas de 1934 solo se anunciaba una carrera pedestre, en la que podían tomar parte todos los corredores que lo desearan, tanto del pueblo como forasteros, adjudicándose los premios de 75, 50 y 25 pesetas.

Tras la fratricida Guerra Civil se siguieron programando carreras pedestres entre los festejos en honor de la Virgen del Buen Suceso, aunque no todos los años. En 1956, la “corrida pedestre” se anunciaba para el día 12 por la mañana con importantes premios. Y, en 1968, también el día 12, se programó una “gran carrera pedestre para aficionados de la localidad”, a las 18 horas.

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*Se considera que María Domínguez fue la primera alcaldesa de España. Asumió la alcaldía de Gallur el 28 de julio de 1932. Si el dato es correcto, Florinda Royo era alcaldesa de Gelsa en 1926. En 1933 había 17 alcaldesas en la provincia de Zaragoza, entre ellas, Victoria Cerera, de Gelsa.

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19/4/26

Toponimia de las carreras pedestres tradicionales en Aragón


 Celedonio García

Hemos hecho una recopilación de topónimos que encontramos por la geografía aragonesa y están relacionados con las “carreras pedestres”, denominadas en el siglo XVI  y XVII  “corridas de espadas” y posteriormente irían evolucionando a las típicas “corridas de pollos”; su nombre se debe a los premios que se entregaban a los primeros clasificados. Actualmente, ya sin las aves de corral como premio, se denominan “carreras pedestres”.

El término “La corrida de espadas”, localizado en Leciñena, prácticamente en el límite con Perdiguera, nos hace pensar que puede estar relacionado con la carrera pedestre de Leciñena o con la de Perdiguera (documentada desde 1526), o incluso podía ser el punto de partida de las dos carreras. Desde esta última población, situada en lo alto, se apreciaría perfectamente el desarrollo de la prueba.

Algunos de estos topónimos conservan anécdotas muy curiosas.

En el segundo cuadro recogemos topónimos similares, pero sin haber comprobado su relación con la antigua carrera pedestre. Suponemos que muchos están relacionados con el lugar donde se hacía la raya para dar la salida de la prueba, con llegada en el pueblo (probablemente la meta se situaría en la puerta de la iglesia, donde se colocaría la horca con los pollos), o donde los corredores debían dar la vuelta, tras haber salido desde el pueblo para llegar al mismo lugar. Hay más topónimos similares por la geografía aragonesa, pero algunos de estos topónimos pueden no tener relación con la carrera. Otro topónimo muy extendido es el de “Pollo”, “Poyo”, “Los Poyos”, o Los Pollos”.

La evolución del escenario de las carreras que dieron nombre a muchos de estos topónimos se aprecia en las crónicas de los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX. A finales sin siglo XIX, en las crónicas festivas de algunos pueblos se dice: “La corrida ha sido aburrida, solo hemos visto la llegada de los corredores”. Varios años después (en los primeros años del siglo XX), estas mismas crónicas comentan el éxito de la corrida porque se han trasladado a las eras, realizándose la carrera en círculo, a vueltas, donde él público puede observar todo su desarrollo. Luego pasarían a calles, plazas o campos de fútbol. Algunas, como la de Monreal del Campo, siguen manteniendo su trazado original.

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28/2/26

La muerte de Mariano Gavín, más conocido como "Cucaracha" en la prensa francesa


HOY HACE 151 AÑOS DE SU MUERTE EN UN ENFRENTAMIENTO CON LA GUARDIA CIVIL EN LANAJA

El 28 de febrero de 1875 moría "Cucaracha" en un enfrentamiento con la Guardia Civil en el corral de "La Nica", situado en Peñalbeta, término municipal de Lanaja. Su muerte se prudujo en una época convulsa, coincidiendo con las postrimerías de la Tercera Guerra Carlista. El corresponsal del periódico "La Republique Française" escribía desde Barcelona, una extensa crónica, fechada el 15 de marzo de 1875, en la que recogía la muerte del bandolero Mariano Gavín y Suñén, apodado "Cucaracha". Traducimos el texto del diario francés:

“Por ejemplo, para rendir homenaje a la verdad estoy obligado a confesar que la guardia civil acaba de coger algunos laureles en Aragón, al capturar al bandido Cucaracha. Este Cucaracha es un verdadero héroe de novela. Desde hacía cinco años era el terror de este país desolado, que se extiende desde Zaragoza a Barbastro. La sierra de Alcubierre era el teatro predilecto de sus hazañas. Esperaba allí a los viajeros y siempre les robaba y los mataba a menudo. Jamás habían podido alcanzarlo. Se habían ordenado a menudo batidas, pero los campesinos, por miedo de que un día los visitara, no decían nada, no cumplían con su peligroso deber. En fin, Cucaracha ha sido cogido y matado. Las campanas de todos los pueblos de los alrededores han sonado durante todo el día”.

21/2/26

Pepa, “la Morata”, bruja o demente, de Calatorao

 


PERLAS DE HEMEROTECA

El diario El Constitucional reproducía en 1839 un folletín firmado por S. G. L. y publicado en Eco de Aragón. El autor criticaba las creencias arraigadas en las gentes sobre las brujas por la ignorancia que durante siglos ha persistido en España. Y centraba la noticia en una mujer que consideraban bruja o demente. Se apodaba “La Morata” de Calatorao.

BRUJAS

"Es tal la creencia que en la clase baja del pueblo español domina acerca de tan ilusionarios seres, que no basta razón ninguna a convencerlos de tales ideas. Yo verdaderamente nada lo extraño porque hay creencias que se arraigan de un modo indestructible en el corazón, y si atendemos a quienes las inculcan, veremos que las de Brujas en el pueblo bajo están perfectamente cimentadas.

La ignorancia tan extremada que por muchos siglos desgraciadamente existió en España, fomentó estas paparruchas, y sabido es que algunos pérfidos e infames hombres sacaron gran partido apoyados en tales falsedades. A pesar de haber transcurrido dilatados tiempos no han podido borrarse tan perjudiciales ideas, porque en la mencionada clase han sido transmitidas con la naturaleza, contando y haciendo creer con portentosos colores su existencia, y como estos desgraciados no ven ni oyen una voz que los libre de esta credulidad, están dominados siempre por ella, y en cualquier ruido o novedad que advierten por la noche, ya se creen de ella amenazados.

Un caso reciente ha venido a corroborarles todos sus pensamientos en la villa de Calatorao. En la noche del 12 del corriente, y hora de las nueve de la noche, se vio atravesar las calles de dicha villa con velocidad increíble un cuerpo natural sin vestido alguno, y tan solo con una corta saya a manera de tonelete que ocultaba su sexo. Algunos habitantes que la vieron se sobrecogieron de tal visión, y otros lo atribuyeron a alguno que tenía gana de divertirse. Hasta las doce de la noche permaneció lodo el pueblo tranquilo, y no tuvieron noticia mas que un escaso numero de personas.

Pero a esta hora en la puerta de la Capilla donde fue encontrado el venerado Santo Cristo, se oyeron terribles y exasperados gritos, acompañados de grandes ruidos que llenaron de pavor al vecindario. Era la misma visión que se había dirigido a este sitio, y asiendo con sus manos la rejilla que hay en la puerta y conmoviéndola con una fuerza increíble que causaba un horroroso estrépito, prorrumpía en escandalosos denuestos contra el ídolo venerado de este país. Escena imponente era aquella para los habitantes del barrio de la Capilla; jamás su borrará de su imaginación, y sus hijos la aprenderán para explicarla a sus sucesores. Es bruja, gritaban a una voz; y tenía más prosélitos que si el pendón de la Paz se enarbolara, porque aquella la oían y sentían lodos de de un mismo modo, y en esta habría sus diferencias. La escena de los Ataúdes de Lucrecia Borjia no impone tanto a un público sensato, como esta a los habitantes capillenses.

Cansada la extravagante figura dejóse caer al lodo, cesando su indecente lengua de proferir tan impúdicas palabras, y soltando al viento alaridos verdaderamente conmovedores. Cuando los vecinos observaron que su furor y desesperación se había convertido en templanza, salieron con luces y encontraron un cuerpo que yacía en el lodo con la cara escondida dentro de él, el pelo tendido por la espalda (por el que conocieron ser mujer) y toda ella embutida en el lodazar. Varias fueron las pruebas que hicieron para averiguar si muerta o viva estaba la que pocos momentos antes los había aterrado con sus dicterios, pero ninguna señal daba de existencia. Sus miembros caían con una mortal dejadez, y su aliento no se percibía. Dieron noticia al alcalde, el que acudió inmediatamente, y mando se trajese el carro de los muertos para trasladarla al cementerio. Ya había trascurrido algún tiempo cuando furiosa se levanta causando tal espanto a muchos de los circunstantes que al momento se encontraron en sus casas. Ya no quedo a la mayoría duda de que era una bruja.

Otros al contrario permanecieron quietos (aunque no tranquilos) y ayudaron al alcalde a llevarla la cárcel. Mientras este fue a llamar al escribano dejó en la puerta cuatro hombres para que la custodiasen. Sentóse ella en una piedra del umbral, hacia ellos, estos la amenazaban pero huían. Para llevarla a la cárcel fue necesario echarle una cuerda al cuerpo, y andando de espaldas fue hasta el hospedaje de los malhechores. El verle caminar era verdaderamente espantoso: sus ojos desencajados, su cara y cuerpo bañado en lodo, sus brazos en ademán de herir y defenderse y caminando de espaldas obligada por una soga. La infeliz llegó a su destino y allí fue conocida.

Pepa (la Morata por apodo) casada, de esta vecindad, de edad sobre 36 años era esta desgraciada. En la orden del Excmo. Sr. duque de la Victoria para la expulsión de familias facciosas a país enemigo, había sido comprendida una hermana suya con su familia. El marido de esta desgraciada había ido de viaje, y esta sintió tanto sin duda la separación de su familia que en medio de una enajenación mental se marchó por el camino que su familia, trepó montes, saltó barrancos, acabo de acalorarse, y su resultado fue quedar demente, y ocasionar un día que será muchos de tregua para sacudir tal superstición de brujas, pues hay personas que jamás se olvidarán que vieron una en la noche del 12 de noviembre de 1839. Fatal guerra que nos regalas tantas víctimas por et furor y ambición de una docena de hijos espurios de la Patria! Cesa luego tu furor, y no tendrán los ignorantes motivo para apoyar sus necedades, y la España concluirá de llorar objetos recientes de amargura y desconsuelo".—S. G. L. (Eco de Aragón.)

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