PERLAS DE HEMEROTECA
El diario El Constitucional reproducía en 1839 un folletín firmado por S. G. L. y publicado en Eco de Aragón. El autor criticaba las creencias arraigadas en las gentes sobre las brujas por la ignorancia que durante siglos ha persistido en España. Y centraba la noticia en una mujer que consideraban bruja o demente. Se apodaba “La Morata” de Calatorao.
BRUJAS
"Es tal la creencia que en la clase baja del pueblo español domina acerca de tan ilusionarios seres, que no basta razón ninguna a convencerlos de tales ideas. Yo verdaderamente nada lo extraño porque hay creencias que se arraigan de un modo indestructible en el corazón, y si atendemos a quienes las inculcan, veremos que las de Brujas en el pueblo bajo están perfectamente cimentadas.
La ignorancia tan extremada
que por muchos siglos desgraciadamente existió en España, fomentó estas
paparruchas, y sabido es que algunos pérfidos e infames hombres sacaron gran partido
apoyados en tales falsedades. A pesar de haber transcurrido dilatados tiempos
no han podido borrarse tan perjudiciales ideas, porque en la mencionada clase han
sido transmitidas con la naturaleza, contando y haciendo creer con portentosos
colores su existencia, y como estos desgraciados no ven ni oyen una voz que los
libre de esta credulidad, están dominados siempre por ella, y en cualquier ruido
o novedad que advierten por la noche, ya se creen de ella amenazados.
Un caso reciente ha
venido a corroborarles todos sus pensamientos en la villa de Calatorao. En la
noche del 12 del corriente, y hora de las nueve de la noche, se vio atravesar
las calles de dicha villa con velocidad increíble un cuerpo natural sin vestido
alguno, y tan solo con una corta saya a
manera de tonelete que ocultaba su sexo. Algunos habitantes que la
vieron se sobrecogieron de tal visión, y otros lo atribuyeron a alguno que tenía
gana de divertirse. Hasta las doce de la noche permaneció lodo el pueblo
tranquilo, y no tuvieron noticia mas que un escaso numero de personas.
Pero a esta hora en la
puerta de la Capilla donde fue encontrado el venerado Santo Cristo, se oyeron
terribles y exasperados gritos, acompañados de grandes ruidos que llenaron de
pavor al vecindario. Era la misma visión que se había dirigido a este sitio, y
asiendo con sus manos la rejilla que hay en la puerta y conmoviéndola con una
fuerza increíble que causaba un horroroso estrépito, prorrumpía en escandalosos
denuestos contra el ídolo venerado de este país. Escena imponente era aquella
para los habitantes del barrio de la Capilla; jamás su borrará de su imaginación,
y sus hijos la aprenderán para explicarla a sus sucesores. Es bruja, gritaban
a una voz; y tenía más prosélitos que si el pendón de
Cansada la extravagante
figura dejóse caer al lodo, cesando su indecente lengua de proferir tan
impúdicas palabras, y soltando al viento alaridos verdaderamente conmovedores.
Cuando los vecinos observaron que su furor y desesperación se había convertido en
templanza, salieron con luces y encontraron un cuerpo que yacía en el lodo con
la cara escondida dentro de él, el pelo tendido por la espalda (por el que conocieron
ser mujer) y toda ella embutida en el lodazar. Varias fueron las pruebas que
hicieron para averiguar si muerta o viva estaba la que pocos momentos antes los
había aterrado con sus dicterios, pero ninguna señal daba de existencia. Sus miembros
caían con una mortal dejadez, y su aliento no se percibía. Dieron noticia al
alcalde, el que acudió inmediatamente, y mando se trajese el carro de los
muertos para trasladarla al cementerio. Ya había trascurrido algún tiempo
cuando furiosa se levanta causando tal espanto a muchos de los circunstantes
que al momento se encontraron en sus casas. Ya no quedo a la mayoría duda de
que era una bruja.
Otros al contrario permanecieron
quietos (aunque no tranquilos) y ayudaron al alcalde a llevarla la
cárcel. Mientras este fue a llamar al escribano dejó en la puerta cuatro hombres
para que la custodiasen. Sentóse ella en una piedra del umbral, hacia ellos,
estos la amenazaban pero huían. Para llevarla a la cárcel fue necesario echarle
una cuerda al cuerpo, y andando de espaldas fue hasta el hospedaje de los malhechores.
El verle caminar era verdaderamente espantoso: sus ojos desencajados, su cara y
cuerpo bañado en lodo, sus brazos en ademán de herir y defenderse y caminando de
espaldas obligada por una soga. La infeliz llegó a su destino y allí fue conocida.
Pepa (

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