PERLAS DE HEMEROTECA
Celedonio García
En verano de 1956, El Noticiero pubicaba un artículo firmado por DIÓGENES con el título de la cabecera. Se remontaba a la segunda década del siglo para recordar una tradición que en aquella época se consideraba imprescindible en las fiestas patronales de los pueblos de Aragón, las corridas de pollos.
Diógenes se centraba en algunos pueblos turolenses del Bajo Aragón Histórico y del Campo de Belchite; recordaba sus tradicionales relacionadas con los premios de la corrida, el ritual de la bandera y citaba a varios de los grandes corredores de la época, especialmente a Dionisio Carreras, de Codo. Pero tampoco se olvidaba de otros extraordinarios corredores que no llegaron a alcanzar la fama de Carreras, quizá porque no tuvieron tantas cualidades, o por otros motivos. En aquella época y en casi todas las épocas, cada pueblo tenía su corredor o varios corredores capaces de desafiar al más pintado.
En Urrea de Gaén destacaba Silvestre Blasco el Royo de Urrea, pero también había muy buenos corredores en Andorra, Albalate, Vinaceite, La Puebla...
En la época del artículo, más de dos décadas después, el típico premio de los pollos ya había desaparecido en muchos lugares, y para atraer a los mejores corredores se habían implantado los premios en metálico. Ya no tenía sentido la denominación de corrida de pollos. También se habían refinado las costumbres y el lenguaje. Las "corridas de pollos" dieron paso a las "carreras pedestres".
La mayoría de las carreras se conservaban, ahora con otros corredores, algunos nacidos en estos lugares y otros llegados de fuera. Era la época de "los Sierra, Pamplona, Binaburo, Ostáriz y Blasco" entre otros.
----------------------------------------------------
De siempre
fue nuestra región muy dada a la celebración de pruebas atléticas. La práctica
de demostraciones, en las que la fuerza, la destreza y la resistencia eran
motivo de apuestas más o menos interesadas, tuvo siempre, repetimos, en Aragón,
un asentamiento firme y apasionado.
Porque, ¿qué
sino pruebas atléticas eran el tiro de barra, el lanzamiento de bolos, los
brincos de entalegados, la carga de talegas y las corridas de pollos?
Precisamente
en estos meses de agosto y septiembre, en que tantos y tantos pueblos aragoneses
celebran sus mayores fiestas, era cuando más auge tenían esas competiciones tan
típicamente rurales, de las que sobresalían las apasionantes corridas de
pollos.
Especialmente
en los pueblos de los distritos de Híjar y Belchite se daba a este número de fiestas
una preponderancia extraordinaria. La fama de los corredores llevaba consigo una
expectación enorme; eran los años en que la supremacía de aquellas comarcas la
ostentaba el gran Campana de Codo. Dionisio Carreras, seguido de su muy digno
rival Silvestre Blasco, el Royo de Urrea, y junto a ellos, oponiendo fuerte
competencia, corredores de Andorra, Albalate, Vinaceite. La Puebla...
¡Qué
magnifico esfuerzo el de aquellos hombres! Sin más preparación física que la que
les imponía su diario trabaja con la azada, el arado o la hoz, acudían a
ponerse en Ia raya en cada pueblo donde se disputaba su corrida de fiestas. ¡Y
con qué nobleza competían en busca o conquista de llevarse la primera!
Y todo,
¿para qué? Sencillamente para ganar dos premios; uno material que consistía en
tres pollos, y otro que bien pudiéramos llamar de expansión espiritual, puesto
que el vencedor se hacía cargo de la bandera nacional allí donde había ganado la
corrida y, admirado vincitor (vencedor)
tras los compases de dulzaina tamboril, y formando grupo con las autoridades,
la llevaba hasta las Casas del Lugar.
A estos
efectos recordamos al corredor de Codo, Dionisio carreras que entre los años 15
y 18 fue a correr a Vinaceite. Formó en la raya, establecida según costumbre en
el camino a Belchite, y cuando el alcalde dijo, ¡a las tres!, salieron todos…
menos Campana, a quien una inoportuna
precisión le retuvo unos momentos.
Con muy
buena desventaja se atrevió a salir; y entre efusivas pruebas de admiración
pisó primero la raya y se llevo los tres pollos que allí mismo, y colgados en
una horca de aventar mies, guardaba el tío Juan el Farlalla, que por entonces era de justicia en Vinaceite. Y Dionisio
Carreras llevaría entonces, tal vez, la bandera nacional, con no menos orgullo
que años más tarde representaría a España en una Marathon celebrada en Paris.
Pues bien,
de todas aquellas manifestaciones atléticas que tanto arraigo tuvieron en
nuestro Aragón, acaso haya revivido con más vigor, lo que entonces fueron
corridas de pollos y hoy llamamos carreras pedestres.
En nuestros
pueblos se celebran sus fiestas, y en muchos de ellos no faltan estas carreras,
en las que toman parte afamados corredores enrolados en clubs de la capital y
quienes ya han visto sus nombres en las columnas de los periódicos y oídos por
las emisoras.
Claro está que
los premios de ahora no son los cásicos pollos. A la vista tenemos el programa
de fiestas de Urrea de Gaén, donde vemos que en su corrida de fiestas, que
tendrá lugar el próximo 17, se concederán unos trofeos de muy apetecible
estimulante. Por eso no será de extrañar que ese día pisen aquella raya los Sierra,
Pamplona, Binaburo, Ostáriz y Blasco. Y a buen seguro que éste hará los posibles
para que no le mojen la oreja dentro de casa.
¡Porque también
le gustaría llevar la bandera que tantas veces portó su tío, el Royo de Urrea!
DIOGENES
*
PERLAS DE HEMEROTECA Volver al índice
Volver al INDICE Deportes y Juegos tradicionales



No hay comentarios:
Publicar un comentario