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Fotos: C. GarcíaViernes, 1 de abril de 2005Colaboración leída en el programa “Hoy por hoy” de Radio Zaragoza, dirigido por David Marqueta
¡Hola, amigos!
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Pocos pueblos tienen un nombre tan hermoso y solidario como Fuendetodos, un pequeño lugar situado en el Campo de Belchite.
Allí conservan la denominada Fuente Vieja y se encuentra la mayor agrupación de pozos de hielo de todo Aragón, hasta veinte “neveras” o “neverones”. Destaca la denominada de Culroya, con unas dimensiones impresionantes. El comercio del hielo supuso en tiempos pasados una importante fuente de ingresos.
El pueblo parece emerger en un paisaje árido, entre cultivos de cereal, barbechos y monte bajo. Predomina la iglesia parroquial de la Asunción con su airosa torre neomudéjar.
El casco urbano presenta un aspecto típico, con rincones encantadores y una arquitectura popular que combina diferentes épocas.
Una red de senderos nos permite conocer los enclaves naturales, culturales, históricos y etnográficos del entorno.
Las fiestas patronales son para San Bartolomé, el 24 de agosto. Antaño se celebraba el tradicional “baile de la cinta”, una jota que se bailaba al compás de la dulzaina y tamboril.
Los remoquetes y algunas inocentes coplas quieren hacernos creer que los fuendetodinos andaban a la gresca con los pueblos próximos. Dice la copla:
Samper y Lagata
riñeron por una alpargata.
Llegó Azuara y les metió una zaragata,
llegó Fuendetodos y les ganó a todos.
Pero no es así, mantienen muy buena relación con sus vecinos.
El nombre de Fuendetodos va unido al aragonés más universal. Todo gira en torno al genio: el Museo y el Taller del Grabado, la Sala de Exposiciones “Ignacio Zuloaga”, la calle principal, la plaza donde se levanta su humilde casa natal o las esculturas de Dionisio Lasuén, Antonio Macho y de José Gonzalvo.
¿Sabéis quién es?
En Fuendetodos nació
y a Burdeos fue a morir,
quien no sepa de quién hablo,
que ranas se vaya a muir.
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La regeneración y el impulso vital se cristianizarían con el patronazgo de San Valentín, sacerdote que fue martirizado por el emperador romano Claudio II, acusado de casar a los jóvenes. Lo había prohibido porque los soldados casados no eran tan eficientes como los solteros. 