Gelsa. Salida de la carrera pedestre de niños y niñas en la fiestas de 1977
Celedonio García
El 23 de enero de 2026 se publicó en el BOA (Boletín Oficial de Aragón) la resolución de 13 de enero de 2026, de la Directora General de Patrimonio Cultural de Aragón, por la que se iniciaba procedimiento y se abría un periodo de información pública, para la declaración de “Las carreras pedestres tradicionales en Aragón” como Bien de Interés Cultural Inmaterial. (BOA 23 de enero de 2026). A partir de esa fecha, hay un plazo máximo de dieciocho meses para la resolución del procedimiento.
Las carreras pedestres son una manifestación cultural profundamente arraigada en Aragón. Se celebraban en la práctica totalidad de las poblaciones aragoneses durante festejos organizados con motivo de las fiestas patronales, fiestas de cofradía, de barrio o actos conmemorativos.
Existe documentación desde los primeros años del siglo XVI de la celebración de “corridas de espadas” (Perdiguera, Monzón, Monegrillo, Farlete, Huesca, La Almolda o Valfarta), que irían evolucionando a los largo de los siglos a las típicas “corridas de pollos”, tan extendidas por Aragón durante los siglos XVIII, XIX y XX.
La denominación de la carrera se debe al premio que se otorgaba a los vencedores. Habitualmente, el vencedor recibía tres pollos, el segundo clasificado, dos, y, el tercero, un pollo. En muchos lugares, el cuarto o el último, se consolaba con una cebolla. La cebolla se podría considerar un premio humillante, pero también fue muy apreciada en la época de posguerra.
En algunas comarcas o lugares determinados surgieron carreras con otra denominación por el premio que recibía el vencedor y, a veces, su origen se basa en alguna leyenda. En lugares limítrofes con Cataluña el vencedor recibía una cordera y los pollos estaban destinados a los puestos secundarios. En la ribera alta del Ebro, limítrofe con Navarra, la “corrida” se denominaba “joya”; unas veces se premiaba con pollos y otras con algún objeto relacionado con la festividad (medalla, sortija). La “corrida de la cuchara” de Aínsa tiene su origen en una bonita leyenda originada tras la batalla y victoria de los cristianos sobre los musulmanes, y estuvo relacionada con la Morisma. Otras carreras, con los niños como protagonistas, también tienen su origen en rituales y leyendas (la “corrida de las peras” de Adahuesca, o la “corrida de los melocotones” de Ejulve).
Las carreras tradicionales que todavía se conservan en Aragón se pueden catalogar entre las más antiguas del mundo. Prácticamente todas ellas son centenarias y según los trabajos realizados por el catalán Toni Santisteban, en Aragón se celebran en torno la mitad de las carreras centenarias que se disputan en el mundo.
Durante el siglo XX, en muchos lugares dejaron de premiar a los vencedores de las carreras pedestres con aves de corral y los premios pasaron a ser en metálico. La prueba cambió su denominación por “corrida pedestre”, primero, y, después, “carrera pedestre”, que es la denominación generalizada en la actualidad.
Los premios en metálico atrajeron a corredores destacados de fuera de la comarca, incluso a nivel nacional, principalmente procedentes de Cataluña. También llegaron las sanciones a los atletas federados, comúnmente denominados “profesionales”, porque la Federación de Atletismo velaba por la moral “amateur” de este deporte en aquella época.
La corrida de pollos de las fiestas en honor a la Virgen del Buen Suceso
Al margen de los actos religiosos, las vaquillas y los toros siempre han sido los festejos que más han atraído a la concurrencia durante la celebración de las fiestas patronales en honor a la excelsa Virgen del Buen Suceso, que anualmente se celebran en torno al 8 de septiembre. Tampoco faltaban otros festejos típicos como la música de dulzaina y tamboril, los gigantes y cabezudos, los fuegos artificiales, globos aerostáticos, iluminaciones, cucañas, corrida de pollos, prestigiosas bandas de música y los bailes, especialmente el denominado baile de la Fritada, con dulzaina y tamboril y, a veces, también con la banda.
Las crónicas del siglo XIX se limitan a comentar los actos taurinos. Como ejemplo, en 1865, hubo corrida de toretes lidiados por varios jóvenes de la localidad, que habían constituido una sociedad taurina; fueron picados, banderilleados y muertos por Sixto Genzor y Juan Guzmán. Los toretes lucían lujosas y elegantes moñas regaladas por Pascuala Falcón, Teresa Celestino y Encarnación Madasú.
Al igual que en las vaquillas, en la “corridas de pollos” participaban destacados aficionados locales. En 1901 vencieron Francisco Morellón y Miguel Falcón.
Era habitual que la “corrida de pollos” o “corrida pedestre” denominada de pollos con premios en metálico a partir de la segunda década del siglo XX, se celebrase el día 10, después de comer, de dos a tres de la tarde.
En 1919, la “corrida de pollos” se anunciaba para corredores locales y de fuera. En 1922 seguía denominándose “corrida de pollos”, aunque desde hacía varios años las aves de corral ya no se entregaban de premio. Este año consistieron en 15, 10 y 5 pesetas para los tres primeros clasificados, respectivamente.
En los años veinte participaron en la carrera pedestre algunos de los mejores corredores de Aragón. En 1923 venció Vicente Magén, residente en el barrio zaragozano de Montañana, pero natural de Used. Aquel año Vicente Magén había formado parte del equipo aragonés que las sociedades deportivas de Zaragoza habían enviado al Campeonato de España de Cross celebrado en San Sebastián. El éxito del equipo aragonés, con su hermano Dionisio Magén a la cabeza, contribuyó para que ese mismo año se crease la Federación Aragonesa de Atletismo.
El segundo clasificado de la carrera pedestre de 1923 fue el local Florencio Loras y el tercero un destacado corredor de Mediana, Agustín Perún.
En la década de los años veinte la prueba pasó a denominarse “carrera pedestre”, aunque popularmente se seguía hablando de “corrida de pollos” y durante unos cuantos años se mantuvieron los premios de 15, 10 y 5 pesetas para los tres primeros clasificados. La crónica del Heraldo de Aragón de las fiestas de 1926 no aporta datos sobre los rituales de la carrera. Se seguía celebrando el día 10, a las cuatro de la tarde, y se clasificaron en los tres primeros puestos, respectivamente, Pascual Salvador, Julio Aznar y Vicente Labarta. Los premios de 15, 10 y 5 pesetas fueron entregados por la alcaldesa Florinda Royo* y la hija del juez municipal, Francisca García.
En 1927, el gran corredor de Gelsa, Florencio Loras, sumaba su sexta victoria en la “corrida de pollos” (denominación que se daba en el programa de fiestas), que mantenía los mismos premios en metálico de años anteriores.
Al año siguiente, en 1928, los premios subieron considerablemente. Fueron de 50, 25 y 10 pesetas. Y más aún en 1929, que se elevaron a 125 y 50 pesetas, permitiéndose la participación de corredores de fuera de la localidad.
Florencio Loras siguió manteniendo la supremacía de la carrera en 1928, venciendo a Manuel Pérez y a Alejandro Valenzuela, de Zaragoza, segundo y tercero, respectivamente.
En los inicios de la década de los años 30, del siglo pasado, la carrera pedestre de Gelsa adquirió un gran auge. En 1930 se programaron dos carreras pedestres durante las fiestas, una el día 9, consistente en ocho vueltas desde la plaza a la ermita, con premios de 100, 60 y 35 pesetas a los tres primeros, respectivamente. Además se gratificaba con 5, 7 y 10 pesetas a los corredores que terminasen la carrera y pasaran primero por meta en cada una de las tres primeras vueltas. En la carrera del día siguiente, 10 de septiembre, solo podían participar los corredores de la villa. El recorrido era de cuatro vueltas desde la plaza a la ermita y los premios de 25, 15 y 10 pesetas. Las gratificaciones por pasar primero en las tres primeras vueltas consistieron en 2, 3 y 5 pesetas.
Este mismo año, el 24 de octubre de 1930, también se organizó una “gran carrera pedestre” con motivo de los festejos organizados por la inauguración del puente sobre el Ebro, que tuvo lugar el día 25. En la carrera podían tomar parte los corredores forasteros y los premios para los tres primeros clasificados consistieron en 100, 60 y 40 pesetas, respectivamente.
En las fiestas de 1931 se mantuvieron las dos carreras con las mismas características del año anterior. Las dos carreras programadas en las fiestas, habituales en muchos lugares, duraron poco tiempo. En el programa de fiestas de 1934 solo se anunciaba una carrera pedestre, en la que podían tomar parte todos los corredores que lo desearan, tanto del pueblo como forasteros, adjudicándose los premios de 75, 50 y 25 pesetas.
Tras la fratricida Guerra Civil se siguieron programando carreras pedestres entre los festejos en honor de la Virgen del Buen Suceso, aunque no todos los años. En 1956, la “corrida pedestre” se anunciaba para el día 12 por la mañana con importantes premios. Y, en 1968, también el día 12, se programó una “gran carrera pedestre para aficionados de la localidad”, a las 18 horas.
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