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30/11/18

Exposición de "Juegos y Deportes Tradicionales. Tiro de Barra y Carreras Pedestres"



Exposición de "Juegos y Deportes Tradicionales. Tiro de Barra y Carreras Pedestres" por la DPZ en la Casa de Cultura de Pinseque (Zaragoza), del 22 de noviembre al 3 de diciembre de 2018

El pasado lunes Jesús Arroyo y Celedonio García nos desplazamos a Pinseque (Zaragoza) para ver por primera vez nuestra exposición sobre "Tiro de barra y Carreras pedestres". Faltaban José Antonio Adell e Ignacio Navarro (el diseñador que ha dado vida a la exposición). Nos quedamos maravillados por nuestro trabajo, que ofrecemos, especialmente, a los aragoneses que aman y valoran sus tradiciones y costumbres.













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22/2/17

El tiro de barra en la comarca de Valdejalón (1)


"Jugando a la barra", obra de Manuel Ruiz Guerrero, siglo XIX

Celedonio García Rodríguez

La euritmia del tiro de barra

En la antigüedad los soldados griegos y romanos practicaban el lanzamiento de la barra como ejercicio gimnástico, del mismo modo que otras culturas. Marcelo Sanz Romo aún se adentraba en el origen de los tiempos: “Nuestro tiro de barra no es otra cosa que un ejercicio modificado, o una variedad de los lanzamientos de objetos-proyectiles de las luchas primitivas”.

Según Mariano de Cavia, el juego de la barra, “arquetipo de los deportes ibéricos”, era “puramente aragonés”. Además, sentenciaba: “No se describe. Se ejerce”. En un artículo publicado en el Heraldo de Madrid (15 de abril de 1894), Mariano de Cavia exaltaba este varonil juego propio de reyes, y, aunque no constara en las crónicas y anales de Zurita y de Blancas, tenía por cierto que “aquellos reyes de mi tierra, tan justos, fuertes, liberales y humanos, tan recios en la guerra como duchos en política, aprendían a tirar la barra antes que a manejar el cetro”.

Cavia trazaba un panegírico de “la barra” destacando la sobriedad y armonía del juego: “Por su clásica sencillez, por su serena elegancia, por el sano equilibrio de espíritu y cuerpo que demanda, parece un juego de los atletas helenos; y solo Píndaro, solo el cantor de los juegos olímpicos, podría celebrar con claridad y fuerza, sencillez y entusiasmo, ese ejercicio simplicísimo, donde el artista echa de ver, atento y embelesado, las más primitivas y candorosas, pero también las más naturales y robustas manifestaciones de la euritmia humana. Celtíbero puro, el juego de la barra es, en nuestras edades, puramente aragonés”.

Para Marcelo Sanz Romo en este juego “van unidas la fuerza física y la acción psíquica”. Según Sanz el tirador “comunica a la barra voluntad, pensamiento y vida” puesto que “no triunfa el que tira más lejos la barra, sino el que además, de lejos, la hace tocar en el suelo en ciertas condiciones”.

Marcelo Sanz Romo, que nació a mediados del siglo XIX en Olmeda de Cobeta, pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, y llegaría a ser una de las principales figuras en el ámbito de la Educación Física de la España de finales del siglo XIX y principios del XX, mostraba su emoción y sentimiento patrio cuando escribía sobre la barra. Sanz veía como los deportes foráneos se imponían en la mayor parte de la práctica deportiva de la juventud española en detrimento de nuestras propias costumbres, teniendo nuestro país modalidades deportivas con las mismas o incluso superiores ventajas higiénicas:

“Así como la jota es resumen y compendio de la música popular en España, del mismo modo en los juegos deportivos es el tiro de barra el que genuinamente representa, o representaba, nuestros deportes populares”.

Portada de la revista Ador dedicada a "Deportes y juegos tradicionales de Valdejalón"


La barra, juego popular

El juego de la barra lo practicaban los reyes, como Carlos IV, pero era más propio de las clases populares. Los campesinos utilizaban las barras procedentes de los arados romanos; los ganaderos jugaban con las barras que horadaban para instalar los “cletaus” (cercas o vallas para el ganado); los canteros usaban las palancas (barras y barrones) para mover y romper piedras…

Los canteros de Calatorao y Ricla eran especialistas tirando a la barra, tal como señala la copla:

En las canteras de Ricla
no hacen falta barrenos
los mozos tirando barra
levantan bloques enteros.

Los retos o desafíos se disputaban en las eras, donde se realizaban las faenas de la trilla; en las plazas de los pueblos, al salir de misa en los días festivos, o en cualquier romería o fiesta local.

El juego podía ser peligroso si no se tomaban las oportunas precauciones. En 1920, según narraba La Crónica de Aragón, se produjo un desgraciado accidente en Morata de Jalón: “Varios mozos de Morata de Jalón entretenían sus ocios, la tarde del día de Reyes, jugando a la barra en una explanada de las afueras. Al lanzarla Joaquín Vela Pérez, de 18 años, tuvo la desgracia de pasar por allí el niño Félix Maestro Gracia, de 9 años, recibiendo en la cabeza un golpe mortal”. El golpe fracturó la base del cráneo del niño, quedando en un estado gravísimo.

En los retos y las apuestas, que surgían en las reuniones atléticas, los mozos conseguían marcas inverosímiles y proezas acrobáticas con el barrón. Manuel Bazán, campeón de tiro de barra, narraba a Mario Alegría una de estas gestas en una entrevista publicada en la revista Mundo Gráfico, en 1934. Los hechos tuvieron como escenario la localidad de Bardallur hacia 1922. En dicho pueblo, con mozos de temple y rudeza, clavó el barrón en una pared. Unos amigos le alentaron para que enviase la barra al balcón de la maestra, situado en medio de la plaza:

Bazán tomó el «barrón», dibujó ese medio círculo del que es centro el cuerpo y radio el brazo, que deja ver los músculos en todo su desarrollo, y realizó el esfuerzo. Su galantería le impidió dejar la barra en el balcón que se le pedía, pero su fortaleza, su dominio, hicieron más: el hierro lanzado cruzó por completo la plaza ante el asombro de sus amigos, de los vecinos del pueblo que presenciaron aquella proeza”.

Continuará: Tiradores de Valdejalón

Artículo publicado en:

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21/1/17

El tiro de barra en la comarca de Valdejalón (y 2)


"Fiesta en el pueblo y tiro de barra", cuadro de Juan José Gárate y Clavero (1870-1939)

Celedonio García Rodríguez

Tiradores de Valdejalón

Los pueblos de Valdejalón han mantenido viva una costumbre de siglos, olvidada en muchos otros lugares de Aragón. Los afamados tiradores surgidos en esta comarca dieron popularidad a sus respectivos pueblos y también fueron los mejores transmisores de este deporte tradicional.

Remontándonos al siglo XIX, uno de los más famosos y sin rival fue mosén Manuel Valero del vecino pueblo de Alfamén (confesor de la infanta Isabel). En La Almunia destacaron Mariano Vallejo “el Pastor”, José Sierra “el Gordillón” y Sinforoso Lasarte “Boliso”; “Molinero” y Serrano”, en Calatorao; Manuel Mecanche y “el Cuco”, en Épila; Francisco Serrano y “Calcena”, en Almonacid de la Sierra; Juan Domínguez, en Aldehuela de Santa Cruz. En otros pueblos próximos también surgieron extraordinarios tiradores: Francisco Arnal “Franciscaz”, en Alfamén; “Josito”, en El Frasno, y “el Cholfo”, en Inogés.

A comienzos del siglo XX sonaba en la comarca el nombre de Vicente González, deen Rueda de Jalón, o Toribio Tabernas, en Calatorao, y por lugares próximos los tiradores Mateo Estaje, Mariano Lasierra y Raúl Roda en Garrapinillos; “el Carricanto”, en Torres de Berrellén, y, entre todos ellos, destacaron los nombres de Manuel Bazán, de Miralbueno, y Jesús Cabezas, de Casetas.

En Urrea de Jalón nacería en 1912 Joaquín Correas Englada, uno de los máximos aficionados locales al tiro de bola y barra. Correas, junto con Domingo Lasheras y Victorino Subías, entre otros mozos del pueblo, tiraban la barra en el lugar denominado “El Recogedero”.

Manuel Soria, de La Almunia, fue el campeón indiscutible entre 1951 y 1960. Desde la década de los cuarenta también destacaron Abad, de La Almunia; Ondiviela, Armando Rodríguez y Miguel Echevarría, de Épila, o Daniel Tabernas y los hermanos Daniel y Aquilino Poza, de Calatorao.

En la década de los sesenta surgiría Mariano Torrubia “el Motores”, de Épila, que tendría que enfrentarse a uno de los mejores tiradores de Aragón, Eliseo Ansón, de Mezalocha.

La década de los setenta quizá sea la más fructífera, con un resurgir de la barra aragonesa. Es la década de los grandes campeones de la comarca, como lo fueron Félix Serrano, de Calatorao, y Fernando Maestro, de La Almunia. Pero también otros que competirían con lanzadores de la generación anterior y posterior: Julio Cubero, Jesús Gracia, Alfredo Cruces, Pedro Casedas, Ricardo García, César Sancho y Aquilino Poza de Calatorao; José Rodríguez, Vicente Andrés y Mariano Torrubia, de Épila; Antonio González, de Bardallur; José Gil y José Antonio Roy, de Ricla. Fueron también los años de otros destacados tiradores aragoneses como Pascual Banzo, de Zuera o Ramón Tierra de Zaragoza.

En los ochenta surgen nuevos nombres que se enfrentan a los ya citados: José Ángel Roy, de Ricla; Carlos Perisé, de Salillas de Jalón, o Salvador García, de Calatorao.

A comienzos de esta década se realizan las primeras tiradas femeninas, con barras de 3 kg.: Elena Lapieza y Mª Pilar Santiago, de Casetas. Ana Collado y Nieves Escartín, de Helios.

En la actualidad, Rebeca Aguarón, de Calatorao, es una de las mejores tiradoras de Aragón, con más títulos conquistados en el Campeonato de Aragón de la última década, y récord de la especialidad lanzando la barra de 4 kgr. Rebeca ya venció en el Campeonato de Aragón el año que comenzó a tirar de forma oficial, el 2004. En el Campeonato conquistado en el 2009 lanzó la barra de los 4 kgrs. a 14,64 m. batiendo el récord de la especialidad. Acumula numerosos triunfos y se ha proclamado en ocho ocasiones campeona de Aragón. Comenzó a tirar de la mano de su hermano Sergio, que también ha conquistado el título de Campeón de Aragón y ha poseído el récord con un registro de 18,58 m.

Fernando Maestro, de La Almunia de Doña Godina, campeón de barra aragonesa. Foto: José Ramón Muñoz, 1980

Reglamentación del tiro de barra

El tiro de barra básicamente consiste en lanzar una pieza de hierro cilíndrica, de forma cónica, con la boca en forma de bisel, de 81 cm. de larga y de 7,257 kgrs. de peso. El campo de tiro tiene forma trapezoidal y se marca en un terreno llano; desde el centro de la tabla de salida (de 10 por 10 cm. y 2 m.) se traza un arco de 8 m. de anchura, perpendicular a la tabla, con un radio de 20 m. de largo. Los extremos de la tabla se unen a los extremos del arco con dos líneas, delimitando la zona de caída. Alrededor de la zona de lanzamiento se debe marcar una zona de seguridad para el público.

El tirador debe colocar los pies contra la tabla de salida, sin despegarlos del suelo en el lanzamiento. La barra debe caer dentro de las líneas del campo marcado, picando con la punta gruesa en el suelo y formando un ángulo en el terreno de tiro, sin dar volteretas en el aire.

El contrapeso es un elemento opcional, pero imprescindible para facilitar el giro y ayudar a mantener el equilibrio del lanzador. Su peso puede oscilar entre 500 grs. y 3 kgrs.

Antaño se lanzaba con la barra o barrón que se tenía a mano, su peso era variable, y la modalidad de lanzamiento también cambiaba en diferentes puntos de Aragón. En algunas poblaciones de la provincia de Huesca, como Arguís, se tiraba con un pie adelantado.

En la plaza de Calatorao, que fue escenario habitual de competiciones de tiro de barra, se lanzó entre 1916 y 1936 con un barrón de 2 m. de longitud y 46 kgrs. de peso. El barrón era propiedad de Toribio Tabernas, destacado lanzador que utilizaba para su afición favorita la herramienta de su trabajo en las canteras.

El peso del barrón podía suponer una dificultad importante para quienes querían lanzar. Armando Rodríguez, de Épila, cuando tenía 26 años, lanzó en una plazoleta de Épila un barrón que superaba los 2 m. de longitud y pesaba unos 50 kgrs. sin que ninguno de los presentes pudiera lanzarlo.

En 1942, el entusiasta deportista Pascual Irache tuvo la iniciativa de constituir la “Sociedad de Amigos del Tiro de Barra Aragonesa”. La Junta, presidida por el propio Irache estaba integrada por: Tesorero, Manuel Abascal; secretario, Manuel Bazán (tirador de barra); vocales, Alfredo Concellón, Iñigo García y Manuel Bazán (hijo).

En 1956 Manuel Bazán elaboró la primera “Reglamentación Oficial para el Tiro de Barra Aragonesa”, unificando la diversidad de criterios en las reglas que regían este juego en diferentes lugares de Aragón. A partir de este momento el “juego” de la barra pasó a convertirse en un “deporte” tradicional.
En 1982 se constituyó la Federación Aragonesa de Deportes Tradicionales y en marzo de 1983 se presentó un renovado reglamento de barra.

Bibliografía:

ALEGRÍA, Mario: “Costumbres aragonesas. ¿«Quiés juate» un jarro a la barra?”, en Mundo Gráfico, 12 de diciembre de 1934.
ADELL CASTÁN, José Antonio y GARCÍA RODRÍGUEZ, Celedonio: El fenómeno deportivo en Aragón. Del juego tradicional al deporte moderno. Diputación General de Aragón, Zaragoza, 1999.
GRACIA VICIÉN, Luis: Juegos aragoneses. Historia y tradiciones. Mira Editores, Zaragoza, 1991.
LARRAZ LAÍN, Mariano: Deportes tradicionales aragoneses. El resurgir de la barra y la bola aragonesa. Pasado y presente. Diputación Provincial de Zaragoza, Zaragoza, 1987.
MAESTRO, Fernando: Del tajo a la replaceta. Juegos y divertimientos en el Aragón rural. Ediciones 94, Zaragoza, 1996.

SANZ ROMO, Marcelo: Cultura Física. Manuales Germen, Madrid, sin fecha de edición.


Artículo publicado en:


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25/2/13

El “Tío Santas” de Fuentes de Ebro

TIRO DE BARRA
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Jugando a la barra, Alcañiz, 1903 (Foto: Lucas Escolá)
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En las páginas del Heraldo de Aragón hemos encontrado un artículo, publicado en 1902 con la firma de “Un hijo de Fuentes”, en el que descubrimos a un personaje natural de Fuentes de Ebro, el “Tío Santas”.

Carlos IV vestido de cazador (Goya, 1799)
Los hechos que vamos a narrar se remontan a 1802, durante el viaje que el rey Carlos IV y su familia realizó desde Madrid a Barcelona, con objeto de esperar y recibir en la ciudad condal a la infanta María Antonia de Nápoles, la que sería primera mujer del príncipe de Asturias. Seis años después, este príncipe subiría al trono español, de manera poco digna, con el nombre de Fernando VII.

Los regios viajeros se hallaban descansando en Villafranca de Ebro, cuando el monarca preguntó al alcalde:

-¿Hay en la localidad quien tire algo a la barra?

Carlos IV era muy aficionado a esta clase de ejercicio.

-Señor, hay uno que lleva fama de gran tirador por toda esta ribera; pero está en la cárcel, donde lo metí hace cuatro días –le respondió el regidor.

-Que siga extinguiendo su condena; no es cosa de deshacer por un capricho mío lo que ha hecho el representante de mi autoridad.

-No está preso por ninguna cosa fea; sino que tuvo un ligero altercado el otro día, y yo, para evitar una sangrienta riña, lo puse a buen recaudo.

-Si no es más que eso, marcha a ponerlo en libertad, y tráelo pronto a mi presencia.

El “Tío Santas” se presentó con respetuoso temor a Carlos IV, pero muy pronto se despejaron sus recelos. El rey no se entretuvo en pláticas y fue directo al asunto que le interesaba.
. Tiro de barra (Valeriano Bécquer)
-Me han dicho que tiras mucho y bien a la barra.

-Un poco, señor…

-Pues ahora mismo vamos a probarnos las fuerzas yo y tú.

Tiró primero el rey, repitiendo varios tiros. El “Tío Santas”, alardeando de gran tino y destreza, lanzaba la barra un palmo o dos más cortos que los respectivos de su regio contrincante.

El rey se dio cuenta y ordenó a su rival que demostrara todas sus cualidades.

-Veo que no sacas todas tus habilidades. Tira sin reparo, como si tiraras con un amigo tuyo.

El “Tío Santas”, ya sin reparos y con absoluta confianza, le dijo:

-Pues ponga su rial majestad en el punto que señale el lanzamiento más largo que ha hecho, y yo pasaré la barra por encima de su rial cabeza.

Dibujo de A. Díaz Domínguez

Carlos IV ya no dudaba de que el “Santas” fuera capaz de acometer esa gran proeza, pero tampoco había que excederse en temeridades.

-Eso sería una imprudencia. Plantaremos una caña tan larga como mi estatura y el resultado será el mismo.

El “Tío Santas” arrojó de sus brazos con tanto brío el barrón, que éste saltó con holgura por encima de la enhiesta caña.

Las dudas del rey pronto quedaron despejadas y, como se puede suponer, el fuentano ya no volvió a la cárcel.

Celedonio García Rodríguez

Publicado en la revista Algarabía, IES Benjamin Jarnés (Fuentes de Ebro), número 1, Abril 2004
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7/1/10

Manuel Bazán y Jesús Cabezas, dos campeones del "Tiro de Barra"

PERLAS DE HEMEROTECA.

A finales de 1934, Mario Alegría publicaba en la revista Mundo Gráfico un artículo dedicado a dos grandes campeones del "tiro de barra", una de las costumbres aragonesas más típicas.

Manuel Bazán, campeón de barra en Aragón con su trofeo. (Foto: Marín Chivite)
COSTUMBRES ARAGONESAS
¿"Quiés juate"un jarro a la barra?

Una plaza de pueblo aragonés. Al «carasol», los viejos, los que precisan —agotados, «vividos», desgastados por e1 trajinar de tantos y tantos días— la caricia solar. «Ellas» hacen primores con las largas agujas y el ovillo de lana. Sus nietos saben bien del abrigo que proporciona a sus cuerpecitos débiles la labor que hace la abuela en el «carasol» de la plaza. «Ellos», con el cigarro, moreno como el rostro, curvado por la presión de los dedos sarmentosos y encallecidos, hablan de política regional y aun nacional, de conformidad con «lo que dicen los papeles», y en ocasiones alientan a los mozos cuando surge el deportivo, atlético, desafío.

No es la hora de misa. Los mozos, fuertes —rostros ocres por el sol—, todo músculo, hablan de lo suyo, del noviazgo último o del que está en perspectiva:

—Pues tú «paice» que le «quiés» decir algo a la «chica'el Royo».

—No, hombre, no; si es que me dijo que la acompañara a «ca» el posadero, porque tenía miedo de pasar por las cuatro esquinas.

La chica del «Royo» y otras chicas sirven de pábulo al comentario juvenil, hasta que un mozo del grupo lanza la frase que es un reto:

—¿No tiramos hoy a la barra?
Inconscientemente, se yerguen los mozos, y ya es la barra el tema de la charla.

—«Ahura», que a «tú» no «ti'hará miaja» e gracia, porque el domingo perdiste dos convidadas.

—¡Y me las vuelvo a «juar»! Tú, «Moreno» —dice dirigiéndose a otro mozo que llega entonces a la plaza—, ¿«quiés juate» un jarro a la barra?

—iComo si «quiés sais»!

Se movilizan los corros. Forman las prendas una especie de punto de salida. Corre el porrón de mano en mano para humedecer las gargantas con el recio vino de la tierra, y comienzan las tiradas.

APUESTAS, RETOS, PROEZAS...
En estas reuniones atléticas —deporte juvenil, sano, brioso— suceden cosas extraordinarias. Un mozo, por apuesta, consigue una marca inverosímil. Otro, retado por el anterior, logra que el «barrón» realice proezas acrobáticas.

¡Qué cosas no habrá hecho Manuel Bazán para conquistar el título de campeón de tiro de barra!
Bazán, desde «mocete», cultivaba este deporte típicamente aragonés. Cada año sabía superarse y realizaba maniobras de verdadero héroe.

La iglesia de los Carmelitas, en la famosa explanada del Castillo, sabe de las hazañas de Manuel Bazán. Tenía como contrincantes a Macipe, el conocido picador de toros, tirador de «barra» tan certero como con la puya; a Benigno Abadía, el llamado «herrero de Montemolín», dominador del martillo y el «mallo» en su faena ordinaria, prodigioso entrenamiento para su deporte favorito. Bazán era el más destacado. Usaban «barrones» de ocho kilos, y en 1908, con uno de esos trozos de hierro, consiguió una marca de quince metros y medio.

No hace más de doce años que unos amigos le replicaron e invitaron a que enviase la barra al balcón de la maestra, situado en medio de la plaza. Bazán tomó el «barrón», dibujó ese medio círculo del que es centro el cuerpo y radio el brazo, que deja ver los músculos en todo su desarrollo, y realizó el esfuerzo. Su galantería le impidió dejar la barra en el balcón que se le pedía, pero su fortaleza, su dominio, hicieron más: el hierro lanzado cruzó por completo la plaza ante el asombro de sus amigos, de los vecinos del pueblo que presenciaron aquella proeza.
El año pasado conquistó una copa, con el preciado título de campeón.
Jesús Cabezas en uno de sus entrenamientos

UN «CHALLENGER» AL TÍTULO


Pero en otro pueblo, en otro lugar de entrenamiento que no es Zaragoza, en Casetas, se entrenaba calladamente, modestamente, un mozo. No era un mozo cualquiera, sino un hombretón de rasgos definidos, característicos de los hijos de la tierra. En Casetas se entrenaba Jesús Cabezas, puesta la mirada en retar al «jaque» que más «jaque» fuera en el típico deporte de tirar a la barra.

Un día y otro día, quitando horas al sueño y al descanso, con la ambición despierta y aguijoneado por sus admiradores, Jesús Cabezas se superaba, batía las marcas fijadas por el campeón. Hacía apuestas que ganaba; lanzaba retos que no le eran aceptados.


Jesús Cabezas, talla modelada en bronce a golpe de buril, llegó a Zaragoza ante un anuncio de competición en el tiro de barra. Su vista no descansaba: buscaba al campeón. Este no se presentó. ¿Temor? ¡No! Bazán, un poco aburguesado, despreocupado de deportes, campeón más por los demás que por él mismo, no acudió al torneo por hallarse en sus habituales ocupaciones.

Cabezas, impulsivo, pocos años, con sangre recia en las venas y simpatía en el proceder, no reta al campeón, que sería tanto como provocar una lucha, claro que en el aspecto deportivo, pero lucha al fin. Se limita a esperar y espera. Puesta la vista en el porvenir, sigue sus entrenamientos, continúa batiendo sus propias marcas, y cuando...


Este deporte, típicamente aragonés, tiene un campeón: Manuel Bazán, y un challenger al título: Jesús Cabezas.
Mario Alegría
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