05/12/09
1.500 atletas por las calles de Zaragoza
21/11/09
XXV Años de Adell y García
Actúan: Música tradicional con Pepín Banzo, Eugenio Arnao y José Manuel Alba (La Libertina), María Adell y Alodia García, los Hermanos Enrique y Santiago Lleida, y Ensemble XXI.
Folleto de programación cultural: Monzón extiende cultura. Noviembre-Diciembre 2009. Patronato Municipal de Cultura. Ayuntamiento de Monzón..
Hace 25 años José Antonio Adell y Celedonio García comenzaron a escribir sobre Aragón. Hoy llevan publicados una treintena de libros, más de 700 artículos y han impartido más de un millar de charlas. Varios grupos musicales han colaborado con ellos o compuesto melodías basadas en sus libros. El espectáculo que nos ofrecen es una combinación de música, imagen y voz. Se ha elegido Monzón, como única actuación, para celebrar la efemérides.
18/11/09
El Corredor
El Corredor
Sinopsis:
Homenaje audiovisual a Pedro Sierra Gimeno (1925-2006), el “Corredor de La Puebla de Híjar”. Campeón de España de Maratón en 1951, 1952 y 1956.
Pedro Sierra está considerado como el mejor atleta español en una difícil época para el deporte en el mundo rural. La película es un recorrido fotográfico y musical por su vida deportiva: desde las carreras de pollos (populares competiciones pedestres en Aragón) a su participación en pruebas internacionales, como el Cross de las Naciones. La banda sonora original ha sido compuesta, interpretada y grabada para la película por el grupo del Bajo Martín Ácido Folklórico.
- Categoría: Documental Comarcal
- País de origen: España
- Año de realización: 2007-2009
- Duración: 7 min.
- Realizador: Mario Gros Herrero.
- Guionista: Mario Gros.
- Montaje: Mario Gros.
- Música: Tema El Corredor, música original para la película
de Ácido Folklórico.
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17/11/09
Los bandoleros románticos cabalgan por San Juan de Mozarrifar
CHARLA CON PROYECCIÓNBandoleros románticos aragoneses
San Juan de Mozarrifar
(Zaragoza)
25 de Noviembre de 2009, 19 horas
Organiza: Ayuntamiento de San Juan de Mozarrifar
Lugar: Salón de Plenos
Viajar, el sueño de los bandoleros
02/11/09
Mariano de Gelsa y Petra de Quinto

Quinto. Foto: C. García "Hay en Aragón dos poblaciones rivales, que desde muy antiguo se miran frente a frente. La una se llama Gelsa, y está situada á la izquierda del Ebro, en un país fértil, rico, llano y abundante en árboles frutales, que fue colonia romana en otros días. La otra es Quinto, y está reclinada en la falda de una colina, en la derecha del mencionado río; población por la que aun suspiran los árabes, y perteneció a la muy antigua casa de Tores, una de las más respetadas en el reino de Aragón.
Estábamos en el caluroso y saludable mes de Julio, y las campanas de Quinto, repicaban desde la hora del alba, festejando á su patrona, a la viejecita Santa Ana, que tantos dones derrama sobre aquella localidad.
Alegre y variado era el programa de la fiesta. Por la mañana, procesión, por la tarde, toretes, y por la noche, saraos. Mariano, el guapo mozo de Gelsa, hizo verdaderas maravillas en la plaza. Parecía un diestro de profesión. Capeó y clavó banderillas a los toretes y cogió por las astas al más bravo, obligándole a ponerse en cuclillas, en medio de la admiración, bravos y palmadas de centenares de espectadores.
Sus paisanos, y otros que no lo eran, lo pasearon en triunfo por la plaza, que en sus ventanas y balcones ostentaba vistosas colgaduras, dejando sólo en descubierto, el busto de las mujeres más guapas, frescas y salerosas de Aragón.
Aquel héroe popular, aquel hijo del campo, alto, fornido, tostado por el sol, a quien nadie le aventajaba en jugar a los bolos, a la barra, a la pelota; pero que nunca se había tratado con toros, pues en Gelsa se labra la tierra con mulos por ser país llano; fue con otros amigos, al dar el toque de ánimas, a un baile de candil. Este tenía lugar, en el grandioso zaguán de la casa de un hacendado. Sus arañas, eran candiles y velones; las sillas, toscos bancos; la orquesta, rondeñas; los instrumentos, guitarras, bandurrias y triángulos; el refresco, agua con azucarillos; los coros, mozos del pueblo, que improvisaban coplas a su manera; y el programa, se reducía a una sola danza... la jota, gloria y orgullo del pueblo aragonés.
Al sentar el pie Mariano, en aquel improvisado salón, todas las miradas se fijaron en él, y las muchachas adoptaron una posición elegante. Querían parecer hermosas ante aquel bravo que desafiaba las iras del toro y lo manejaba a su capricho.
Mariano aceptó la invitación. Paseó la mirada en derredor del zaguán, y sus ojos se fijaron en una muchacha morena, de ojazos negros y rasgados, de abundante y sedosas trenzas con moño de picaporte, adornada con un lazo, vestida con sencillez, sentada en el sitio menos visible de la sala, y la sacó á bailar.
— ¡La sacristana ha sido la preferida!... — exclamaban con mal disimulada envidia las muchachas.
— ¿Qué habrá visto en ella de particular? — se preguntaban por lo bajo las comadres.
— Fiaos de las santeras, — decían otras.
— Mirad como mata la araña la mosquita muerta, — decían las demás.
Y Petra, la sacristana, la santera, la mosquita muerta, la hija del ermitaño de Nuestra Señora de Montamala (Matamala), bailó la jota, y después otra, y otra, con el valeroso Mariano, que al terminar el baile con la noche, la acompañó hasta la ermita, conversando breves instantes delante del antiguo caserón. Después, se despidieron; ella subió a su casa, él bajó al río, ayudó al barquero a desatar la barca, que tirada por la sirga se puso en movimiento, en ella atravesó el Ebro, saltó a tierra... y envió una mirada ardiente, apasionada, a la solitaria ermita, que rodeada de ruinas de castillejos árabes y de tomillos y palmitos, recibía el primer beso del sol.
Cuando la noche había cerrado y la luna aun no había salido, Mariano, abandonaba el pueblo, subía las gracias del pilón en que está sujeta la sirga, y loco, temerario, desafiando el peligro, la muerte, se cogía de la flotante maroma y, sirviéndole de apoyo el vientre y ambas manos, recorría anheloso aquel largo precipicio que corría bajo sus pies. Al llegar a la orilla opuesta, saltaba a tierra, y sin cuidarse del cansancio, subía una tortuosa senda, atravesaba la carretera, miraba ansioso si brillaba la lámpara en la rejilla de la puerta de la ermita, — misteriosa señal que indicaba que el padre se había acostado, — y volaba en brazos de su amor.
Los dos amantes, solos, sin testigos, sentados en el portón de la casiella, conversaban hasta la hora del alba, en que la alondra, esa ave que vuela cantando, les anunciaba que había llegado la hora de separarse, que la luz podía hacerles traición, —como algunos siglos antes lo había anunciado a Romeo y Julieta en el jardín de Verona,— y tenía lugar la despedida. Petra se retiraba sollozando, y Mariano no menos triste que su bella, bajaba al Ebro, subía a la sirga, despreciaba de nuevo la muerte... y rendido y fatigado, llegaba a su pueblo natal.
— ¿Por qué me encadenas? — preguntó el mozo.
— ¡No te vayas! Ese viento...
— Fue una ráfaga, ya pasó.
Francisco GRAS Y ELIAS
27/10/09
El “Tío Santas” de Fuentes de Ebro
Jugando a la barra, Alcañiz, 1903 (Foto: Lucas Escolá)
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En las páginas del Heraldo de Aragón hemos encontrado un artículo, publicado en 1902 con la firma de “Un hijo de Fuentes”, en el que descubrimos a un personaje natural de Fuentes de Ebro, el “Tío Santas”.+%5B%5D.jpg)
Carlos IV vestido de cazador (Goya, 1799)
Los hechos que vamos a narrar se remontan a 1802, durante el viaje que el rey Carlos IV y su familia realizó desde Madrid a Barcelona, con objeto de esperar y recibir en la ciudad condal a la infanta María Antonia de Nápoles, la que sería primera mujer del príncipe de Asturias. Seis años después, este príncipe subiría al trono español, de manera poco digna, con el nombre de Fernando VII.
Los regios viajeros se hallaban descansando en Villafranca de Ebro, cuando el monarca preguntó al alcalde:
-¿Hay en la localidad quien tire algo a la barra?
Carlos IV era muy aficionado a esta clase de ejercicio.
-Señor, hay uno que lleva fama de gran tirador por toda esta ribera; pero está en la cárcel, donde lo metí hace cuatro días –le respondió el regidor.
-Que siga extinguiendo su condena; no es cosa de deshacer por un capricho mío lo que ha hecho el representante de mi autoridad.
-No está preso por ninguna cosa fea; sino que tuvo un ligero altercado el otro día, y yo, para evitar una sangrienta riña, lo puse a buen recaudo.
-Si no es más que eso, marcha a ponerlo en libertad, y tráelo pronto a mi presencia.
El “Tío Santas” se presentó con respetuoso temor a Carlos IV, pero muy pronto se despejaron sus recelos. El rey no se entretuvo en pláticas y fue directo al asunto que le interesaba.
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Tiro de barra (Valeriano Bécquer)
-Me han dicho que tiras mucho y bien a la barra.
-Un poco, señor…
-Pues ahora mismo vamos a probarnos las fuerzas yo y tú.
Tiró primero el rey, repitiendo varios tiros. El “Tío Santas”, alardeando de gran tino y destreza, lanzaba la barra un palmo o dos más cortos que los respectivos de su regio contrincante.
El rey se dio cuenta y ordenó a su rival que demostrara todas sus cualidades. 
-Veo que no sacas todas tus habilidades. Tira sin reparo, como si tiraras con un amigo tuyo.
El “Tío Santas”, ya sin reparos y con absoluta confianza, le dijo:
-Pues ponga su rial majestad en el punto que señale el lanzamiento más largo que ha hecho, y yo pasaré la barra por encima de su rial cabeza.
Carlos IV ya no dudaba de que el “Santas” fuera capaz de acometer esa gran proeza, pero tampoco había que excederse en temeridades.
-Eso sería una imprudencia. Plantaremos una caña tan larga como mi estatura y el resultado será el mismo.
El “Tío Santas” arrojó de sus brazos con tanto brío el barrón, que éste saltó con holgura por encima de la enhiesta caña.
Las dudas del rey pronto quedaron despejadas y, como se puede suponer, el fuentano ya no volvió a la cárcel.








