22/3/11

Juegos tradicionales. Nos Vemos en la Plaza Mayor. (22/06/08)

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Programa dirigido y presentado por Eugenio Monesma: "Nos Vemos en la Plaza Mayor", emitido por Aragón Televisión (22/06/08).
Se trata de un programa cultural, educativo y práctico que invita al espectador a conocer cómo era la forma de vida en Aragón en otros tiempos y cómo vivimos en el presente nuestras tradiciones y aquellos rescoldos de cultura popular. Hoy juegos tradicionales.
Relacionado con el tema:
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13/3/11

Romper el muro/Casser le mur (Nanuk P.A.)

Trailer documental de biellanueiazawan



Trailer du documentaire qui accompagne le nouveau disque de Biella Nuei & Azawan, "Casser le Mur", Nanuk P.A. réalise cet documentaire dans lequel ils racontent les gires, les voyages et le processus de cr'eation musicale.
Trailer del documental que acompaña al nuevo CD de Biella Nuei & Azawan, "Romper el Muro". Nanuk realiza este documental en el que se cuenta los viajes, giras y el proceso de creación musical.
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3/3/11

La catástrofe de Zaragoza

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La Ilustración Ibérica


El 23 de febrero de 1895, hace 116 años, toda España quedó consternada por una desgracia acaecida en la capital aragonesa.

Según la información que facilitaba La Ilustración Ibérica, con grabado del suceso incluido, cinco muchachas se hallaban descargando cartuchos en las cuevas próximas al polvorín de Torrero, habilitadas para dicho objeto. Ya habían terminado la faena, a eso de la una de la tarde, cuando explosionaron seis cajas de aquellos cartuchos, sistema Berdam.

El suceso se originó al reventarse uno de los cartuchos en las manos de una de las operarias y prender fuego en las cajas. Las víctimas, con el vestido ardiendo, se lanzaron fuera de la cueva; al ruido de la explosión acudieron los soldados que prestaban servicio en los puestos inmediatos para socorrerlas.

Si el incendio se hubiera propagado a los polvorines inmediatos los estragos hubieran sido aún más horribles.

Tres de las mujeres fallecieron después de agudísimos sufrimientos.
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28/2/11

La muerte de “Cucaracha”, el bandolero de los Monegros

Hoy se cumplen 136 años de la muerte del bandido "Cucaracha"
(28/02/2011)

Miembro de la Asociación "Añoranza" en una representación de "Cucaracha" por el monte de Jubierre. Foto: C. García
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Por José Antonio ADELL CASTÁN y
Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ


Mariano Gabín Suñén, apodado “Cucaracha”, nació en Alcubierre (Huesca) en 1838. De mozo fue jornalero, mozo de mulas y carbonero. Carecía de instrucción, pero era un hombre de bien, motivo por el cual un recaudador de contribuciones le encargó la conducción de fondos a Huesca.
Estaba emparentado, lejanamente, con algunas familias ricas de Alcubierre, y esta circunstancia se señalaba como causa de su inducción al bandolerismo. Cuando el trabajo no le pareció una ocupación decorosa, quiso vivir sin trabajar. Esta explicación de la época difiere de otras versiones popularmente más conocidas, según las cuales el hambre le arrastró a cometer un delito de sangre, y no le quedó otro remedio más que echarse al monte.

Un hombre vestido de negro

Fue ladrón, pero se generalizó el dicho popular de que «“Cucaracha” quita dinero a los ricos y da a los pobres»; se cuentan algunas anécdotas sobre este modo de actuar. Aunque también existen muchos relatos de su mal proceder: en abril de 1874 pidió al propietario de Alcubierre José Calvo Ayerbe una gran cantidad de dinero y como no se la dio incendió una paridera de su propiedad. Varios vecinos del pueblo acudieron a apagar el fuego, pero cuando regresaban a sus casas fueron asaltados por el mismo “Cucaracha”, robándoles el dinero que llevaban, las armas y las caballerías; además les dio un nuevo encargo dirigido a Calvo para que entregara la cantidad solicitada.

La primera referencia sobre “Cucaracha” la encontramos en la prensa madrileña a finales de agosto de 1870; señala que había aparecido una partida armada en la comarca de Sariñena. Se suponía que eran bandoleros y estaba compuesta por doce hombres armados de trabucos, a cuyo mando iba uno vestido de negro.

Mariano Gabín era pequeño, muy moreno y vestía de negro, de ahí el apodo de “Cucaracha”. Su estatura era de unos cinco pies, cerrado de barba, moreno; vestía pantalón de pana negra, alpargata vieja, blusa de algodón azul y pañuelo de seda a la cabeza. Habitualmente llevaba dos trabucos y en ocasiones una escopeta de dos cañones o una carabina Remington; así nos lo presenta la popular copla:

“Se pasea Cucaracha
por la Sierra de Alcubierre,
un hombre como un tomillo
y todo el mundo le teme”.

Coincidiendo con esta noticia en Senés se produjo un robo escandaloso. Eran las cinco de la tarde cuando entró en el pueblo una cuadrilla de unos 20 bandidos armados de trabucos, puñales y navajas. Se dirigieron a la Casa de Pepe Chico y se llevaron entre tres y cuatro mil duros.
A partir de su aparición por la comarca se incrementó el número de robos, secuestros y asesinatos. Cuando daba algún golpe importante, como el citado de Senés, el robo de Tramaced (28 de abril de 1871) o el famoso asalto a Farlete (el 15 de junio de 1873) la cuadrilla se unía para actuar con más contundencia y prepotencia. Otras veces la cuadrilla se dividía en pequeños grupos cometiendo robos y secuestros.
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Vista de San Caprasio desde Farlete. Foto: C. García

Durante cinco años “Cucaracha” fue el terror de la comarca, hasta que el 28 de febrero de 1875 fue herido mortalmente por la Guardia Civil en la paridera de la Nica, cerca de Peñalveta, en el término de Lanaja

De él se cuentan numerosas historias, algunas fantaseadas por la admiración popular. En algunas ocasiones los bandoleros actuaban disfrazados de carlistas, tal como procedieron en Farlete, Albalatillo, Castejón de Monegros o en Villanueva de Sijena.

El “reinado” de “Cucaracha” coincidió con la Tercera Guerra Carlista (1870-1875); esta circunstancia permitió que el bandolerismo surgiera con fuerza en diversos puntos de Aragón.
Durante 1872, año en el que se consolidó la Tercera Guerra, también se fortaleció la cuadrilla de “Cucaracha”. La banda se fue nutriendo de prófugos, desertores, criminales, aventureros, pobres hambrientos, y quizá de algunos idealistas de solemnidad.

En Sariñena se levantó la partida guerrillera del coronel Joaquín Nasarre. Las deserciones de los soldados eran frecuentes en aquella época, también entre las filas carlistas, como comprobamos en uno de los partes sobre las facciones carlistas, firmado por el gobernador de Zaragoza D. Pedro A. Herrero el 17 de mayo de 1872, y facilitado por el Gobierno de la provincia de Zaragoza y la Capitanía general de Aragón:

Una pequeña partida carlista que se presentó el día 14 en Lanaja, provincia de Huesca, al mando de Telesforo Monclús, natural de dicha población, se ha disuelto en el día de ayer 16, según parte del Alcalde, presentándose a su autoridad la mayor parte de los que la componían con armas, caballos y demás efectos. El jefe huyó a la Sierra, ignorándose su paradero”.
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Vista de la Lanaja. Foto: C. García

Pero a quien verdaderamente se temía era a una cuadrilla formada por entre cuatro y siete malhechores que aquellos días alarmaban a los habitantes de Alcubierre, Lanaja, Castejón de Monegros, Valfarta y otros pueblos, cometiendo robos y algún asesinato. Por este motivo, los vecinos de varios pueblos y miembros de la Benemérita daban batidas, muchas veces sin resultados positivos.

Sin duda eran de la cuadrilla de “Cucaracha”, aunque también es cierto que se le adjudicaron muchos robos y crímenes que probablemente no cometió.

“Cucaracha” pronto encontró compañeros. La cuadrilla llegó a contar con medio centenar de bandoleros (la mayoría acabarían muertos o capturados) y más de un centenar de confidentes que le informaban puntualmente de todo lo que sucedía en la comarca. Gastaba más de 3.000 reales diarios en pagar a sus confidentes.

Uno de los reclutados sería Antonio Sampériz Peralta “El Cerrudo”, de Lalueza. Al margen de todo lo que la tradición oral dice de él, sabemos que se encontraba entre los 800 criminales que se fugaron del penal de Cartagena aprovechando la insurrección separatista (finales de julio de 1873).

Las capturas de bandoleros fueron continuas. Por citar algunos ejemplos, al día siguiente del asalto a Farlete, el 16 de junio 1873, apresaron en Lanaja a uno de los asaltantes heridos. Posteriormente se detuvo a otros cinco sospechosos de Lanaja, sorprendiendo por ser personas acomodadas. La Guardia Civil y voluntarios de Alcubierre, Lanaja, Grañén y Sena aún detuvieron a trece sospechosos más, algunos de ellos agentes de la autoridad.

La Guardia Civil todavía practicaría alguna significativa detención, como la del “Tuerto de Capdesaso”, llevada a cabo el 13 de julio por el cabo Buisán, del puesto de Sariñena, y también implicado en el robo de Farlete. El “Tuerto” se ocupaba de escribir notas a los labradores exigiéndoles dinero bajo amenaza de quemarles las mieses si no aportaban lo que se les pedía.
El 10 de mayo de 1874 la Guardia Civil también detuvo en Lanaja a Juan Andrés, miembro de la cuadrilla de “Cucaracha”, junto con otros nueve compañeros.

Entre los numerosos delitos atribuibles a “Cucaracha” o a miembros de su cuadilla podemos incluir la siguiente relación: Secuestro de un propietario de Castejón de Monegros (octubre de 1871); secuestro de Sebastián Peralta, rico propietario de Monegrillo (29 de noviembre de 1871); secuestro de Eusebio Laga, de Pina (3 de julio de 1871); secuestro de Faustino Escuer, regidor del Ayuntamiento de Perdiguera (17 de julio de 1871); secuestro de dos vecinos de Alcubierre (2 de febrero de 1873); asesinato de Martín Rubira (31 de marzo de 1873); asalto a la casa de Lucas Abadía, de Nuez de Ebro (28 de mayo de 1873); muerte del cabo Ferrer en Alcubierre (12 de julio de 1873); secuestro del hijo de un acomodado vecino de Villanueva de Sijena; intento de rescatar al ermitaño del santuario de San Miguel de Juvierre, en término de Castejón de Monegros (7 de julio de 1874); secuestro de Joaquín Angás, vecino de Ontiñena (4 de agosto de 1874), o el secuestro de Juan Ruata, rico propietario de Alcubierre (primeros días de febrero de 1875).
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Casa de Ruata, en Alcubierre. Foto: C. García

La muerte de “Cucaracha”

A los pocos días del secuestro de Ruata, el 28 de febrero de 1875, la Guardia Civil dio muerte a “Cucaracha” y a otros cuatro miembros de su banda en el corral de la Nica.

El teniente de la Guardia Civil D. Vicente Lafuente y Pueyo llevaba diecisiete días al frente de la fuerza destinada para la persecución de “Cucaracha” y su cuadrilla. Según la versión de El Diario de Zaragoza, el día 27 salió esta fuerza, dividida en dos grupos, en dirección a la sierra, y en la mañana del 28 se dirigieron hacia Peñalveta. Serían las dos de la tarde, cuando al llegar a la paridera de la Nica, la pareja que iba de avanzada miró con gran cautela por la pared del corral y distinguió a uno que estaba cosiendo. A su lado había un arma, y varias más en un rincón.
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Despoblado de Peñalveta, término municipal de Lanaja. Foto: C. García

Uno de los guardias agitó el pañuelo, y los demás avanzaron, rodearon el corral y dieron la voz de: “¡Alto a la Guardia Civil, rendíos y no se os tocará!”. Los bandidos cogieron sus armas dispuestos a hacerse fuertes. Entonces, los guardias dispararon sus armas hiriendo de muerte al jefe de los bandoleros y, pasada media hora de lucha, todos acabaron atravesados a balazos, sin que la fuerza pública tuviera que lamentar ni la menor contusión.

Allí quedaron muertos el célebre Mariano Gabín (a) “Cucaracha”, de Alcubierre; el fiero Antonio Sampériz Peralta (a) el “Cerrudo”, de Lalueza, segundo jefe de la cuadrilla; Melchor Colomer y Ferrer (a) el “Herrero de Oso”; José Bernad Rivas (a) el “Molinero de Belver”, y José Solanilla y Lacambra, natural de Palo.

Les ocuparon diversas armas y objetos y una solicitud muy bien redactada y de muy buena letra, escrita en papel sellado dirigida a S.M. el rey D. Alfonso XII y en la cual “Cucaracha” le pedía que le indultara de toda pena y se le dejara ir libremente a su casa. Además, una carta sin concluir que iba dirigida al ayuntamiento de Alcubierre (probablemente la solicitud de “Cucaracha” no la hubiera escrito él por carecer de instrucción).

La noticia de la muerte de “Cucaracha” recogida por el Diario de Avisos de Zaragoza contiene sensibles variantes y aporta nuevos datos. Los bandidos, en cuanto divisaron a la Guardia Civil, trataron de encastillarse en la casita de los pastores y a la voz de “¡rendíos!” de la fuerza contestaron a tiros, trabándose un rudo combate del que pronto resultó muerto el segundo de “Cucaracha”, luego éste y los demás. Se resistieron tenazmente hasta que sucumbieron los cinco, sin que la Guardia Civil tuviera la menor novedad. En el corral también se encontraba un pastorcillo de unos quince años, que se salvó de milagro, ocultándose tras unas piedras en la misma casilla donde hacían fuego los bandoleros. Al famoso ladrón sólo le hallaron encima tres o cuatro pesetas.
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Corral de La Nica", un auténtico fortín, donde murió "Cucaracha"

Según la versión popular, el alcalde, el teniente de la Guardia Civil, el boticario y algunos concejales tuvieron la idea de envenenar el vino que debía llevar a los bandoleros el zagal de Maza. Previamente le aleccionaron para que después de probarlo vomitara, puesto que se lo harían probar primero.

Llegaron los civiles y, para comprobar si el veneno había surtido efecto, levantaron un tricornio con un palo; los bandidos respondieron destrozando el tricornio de un trabucazo. Esperaron más tiempo a que actuase el veneno y después los civiles fueron descargando sus fusiles por los boquetes de la tapia hasta matarlos a todos.

La versión popular es perfectamente creíble, ya que resulta extraño que fueran los bandidos quienes acabaran muertos, estando parapetados, y los civiles no tuvieran ni el más mínimo rasguño.

Según señalaba el Diario de Avisos de Zaragoza, había quien manifestaba que “Cucaracha” y los suyos habían sido vendidos por alguno de sus mejores confidentes, mientras otros decían que desde el campanario de la iglesia fueron descubiertos con un anteojo por el jefe de la Guardia Civil del puesto de Sariñena.
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En la plaza de Lanaja tendieron los cuerpor de los bandidos. Foto: C. García

La noticia corrió con velocidad y al día siguiente los caminos que conducen a Lanaja se vieron cubiertos de gente, deseosos de conocer al que por cinco años había llenado de pavor a toda la comarca. Las campanas de Lanaja y Alcubierre anunciaron la noticia, que se celebró como si fuera una verdadera fiesta popular. Los cadáveres de los bandidos quedaron tendidos en medio de la plaza de Lanaja.

José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ son autores de los libros: Historias de bandoleros aragoneses y Otros bandoleros aragoneses, publicados por la Editorial Pirineo.
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LA CUEVA DE LOS BANDOLEROS


29/1/11

Un muerto que hablaba en Saravillo

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Saravillo. Foto: J.A. Adell
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En mayo de 1885, La Época, El Imparcial, La Iberia y otros diarios nacionales, recogieron una noticia publicada en el Diario de Barcelona, que tuvo lugar en Saravillo. La anecdótica historia trágica, pero con tintes graciosos, nos recuerda a otro hecho similar con el famoso bandolero "Chichón de Nueno" de protagonista. Esta historia la publicamos en el libro Historias de bandoleros aragoneses y sucedió en el alto de Monrepós.

Pero, veamos la noticia del Diario de Barcelona:

"Hace poco tiempo, en Cálig, villa de la provincia de Castellón, un yerno hirió en la cabeza á su suegro, a quien creyó muerto.

El agresor diosa a la fuga, y pidiendo limosna de pueblo en pueblo, dominado por la fatiga y el remordimiento, llegó a media hora de distancia del pueblecito de la provincia de Huesca, llamado Saravillo, que no cuenta más de treinta casas.

Para esperar a que anocheciera se escondió, subiéndose a la copa da un corpulento árbol. Al poco tiempo vio con asombro que del pueblo salía una numerosa procesión con velas encendidas y que rodeaba el árbol donde él se encontraba, y que al mismo tiempo el cura, dirigiéndose a varios hombres, decía: «Ea, subid y bajadlo».

El fugitivo, dominado por el remordimiento, contestó presuroso: -«No subáis, que yo bajaré sólo». Al oír aquella voz, la comitiva echó a correr, movida por el terror y no pararon hasta el pueblo, en donde cada cual refirió a su manera que el muerto había hablado.

A su vez, el culpable, asombrado de lo que pasaba, trató de bajarse, y al hacerlo se encontró en una rama a un ahorcado cuyo cadáver habían ido a levantar en procesión los habitantes de Saravillo.

El fugitivo llegó a Plan, donde se presentó a las autoridades y de donde fue trasladado a las cárceles del partido de Vinaroz".
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23/1/11

El “Voto de las descabelladas” en Fuentes de Ebro

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La procesión de "Las Descabelladas" en Fuentes de Ebro. Foto: J. Vergara, 1903
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Durante siglos, Fuentes de Ebro mantuvo viva una antigua tradición, denominada “Procesión de las descabelladas” o “Voto de las descabelladas”. Surgió por un voto que hicieron los vecinos por verse libres de una extraordinaria plaga de langosta. La plaga tuvo tanta virulencia que impedía hasta la cocción de los alimentos, por caer a millares en los hogares.

Según las crónicas de la prensa regional de 1880, de las que se hicieron eco diarios nacionales como El Liberal, El Siglo Futuro o la revista Guía del peluquero de aquel año, la procesión del voto o de las descabelladas, consistía en concurrir todas las doncellas con el cabello tendido y recorrer las principales calles de la población, con la particularidad de estar cerradas entre tanto todas las puertas, balcones y ventanas, sin que ningún vecino pudiera asomarse por ellas. A los forasteros se les permitía verla desde la calle con mucho recogimiento.

Reportaje del diario ABC sobre "Las Descabelladas" de Fuentes de Ebro

En 1903 el diario ABC publicó un amplio e interesante reportaje, titulado “Costumbres y tradiciones españolas. La procesión de «Las descabelladas» o fiesta del voto”, ilustrado con fotografías de J. Vergara, en el que nos relata el origen de esta curiosa tradición.

"El día 19 del corriente mes se celebró en Fuentes de Ebro, provincia de Zaragoza, la típica y original fiesta del votó o procesión de Las descabelladas.

Allá por el mes de abril del año 1495 presentóse en el término de dicho pueblo una horrible plaga de langosta, cuya acción devastadora y rápida propagación no pudieron ser atajadas por el vecindario, que ante el temor de verse sumido en la más espantosa miseria, luchó desesperadamente durante veintidós días contra la plaga.

Entrando a la iglesia antes de la procesión. Foto: J. Vergara, 1903

Convencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, el pueblo en masa deliberó y acordó invocar el celestial auxilio organizando siete procesiones en siete días consecutivos, en las que todos, los hombres, mujeres y niños debían tomar parte a pie desnudo, como asimismo todas las doncellas o vírgenes con el cabello tendido como signo de desesperación.

Poco antes de terminado el trayecto y llegada la procesión a cierto sitio previamente marcado y próximo a la iglesia todos los asistentes debían postrarse de hinojos y continuar en esta posición, caminando sobre las rodillas hasta el interior del templo, pronunciando a la vez entre sollozos y gritos lastimeros las siguientes palabras:
«¡Santo Dios! ¡Misericordia!».

Verificadas las siete procesiones en la misma forma, el día en que tuvo lugar la última celebróse una solemne misa, en la que todo el pueblo acordó elegir y tomar a San Gregorio como abogado en la corte celestial, por cuya mediación dicen las crónicas que se obtuvo la gracia de Dios, librando a la tierra de dicha terrible plaga.

El pueblo, agradecido por tan señalada gracia, prometió guardar solemnemente el día y fiestas de dicho santo, para lo cual, reunidos los honorables D. Sancho Samper (justicia), Gonzalo de Exea (jurado de los fidalgos) y "Bartolomé de Pascualía (jurado por los labradores), juraron y votaron en nombre y voz de todo el pueblo, por presentes, ausentes y venideros, hacer todos los años en aquel día de la fiesta una procesión muy solemne, a la que hombres, mujeres y niños mayores de siete años deben acudir descalzos, y detrás de éstos todas las doncellas escabelladas o con el pelo tendido. Asimismo se ordena que el día y fiesta del santo, desde la salida del sol hasta que la procesión sea tornada á la iglesia, ninguna bestia de labor salga ni vaya a la dula, ordenándose igualmente que ninguna persona salga de la villa en dicho día hasta sol puesto ni presencien la procesión desde puertas, balcones o ventanas.


Último grupo de la comitiva. Foto: J. Vergara, 1903

Señalaron diversas penas para los que contraviniesen las anteriores disposiciones, levantando acto seguido un acta firmada por los mencionados señores, cuyo original todavía se conserva en el archivo de la parroquia.

Aunque no en todos sus detalles, todavía se conserva y respeta en la villa de Fuentes de Ebro el voto tan fervorosamente hecho por sus antepasados de hace cuatrocientos años, según puede apreciarse en las presentes fotografías que publicamos reproduciendo la originalísima procesión de Las descabelladas, que tiene lugar todos los años el día 19 de junio, y en la que todas las jóvenes, doncellas del pueblo lucen sus cabelleras en honor del venerado santo".
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21/1/11

Fuente del Baño, en Fuentes de Ebro, y sus propiedades curativas

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Fuente del Baño. Foto: C. García
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A las afueras de Fuentes de Ebro, junto al denominado Camino del Baño se halla un pequeño manantial, conocido con el nombre de la “Fuente del Baño”, donde antaño estuvieron las denominadas Torres de Don Galindo.

Fuentes de Ebro. Foto: C. García
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En el siglo XIX, según señalaba la prensa, este lugar era muy concurrido por buen número de bañistas llegados de la capital y de los pueblos circunvecinos para tomar las aguas salutíferas, con propiedades curativas.


Un hilillo de agua nos recuerda las propiedades curativas de la mítica fuente. Foto: C. García
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Estas aguas se utilizaban para reumas, problemas de ojos y para ciertas enfermedades del estómago.

El gran maestro de cantadores, Santiago Lapuente Rais, conocido con el apodo de “El Tío Jotero”, natural de esta villa, acrecentó la fama de estas aguas. En 1908 vivía en una modesta chabola situada en lo que sería la calle de Costa, en Zaragoza. Allí tenía una instalación, que él denominaba “balneario”, y vendía la curativa agua de Fuentes a perra gorda la copeta. A la entrada de la chabola se leían estos versos:
.Bebe esta agua y lograrás
una dulce y larga vida,
no gastes dinero en otra
que será cosa perdida
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Santiago Lapuente Rais, "El Tío Jotero"
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