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La prisión nunca ha sido el mejor lugar para corregir los comportamientos de los encausados y condenados por algún hecho delictivo, y menos hace años. Con frecuencia los que pisaban la cárcel salían peor que entraban.
La reincidencia era un hecho común. Uno de los muchos casos que tenemos registrados es el que nos ocupa, de noviembre de 1890.

Las autoridades debieron pensar que dónde mejor estaba el “Gorrión” era en la jaula, y a la prisión de Ateca se lo llevaron.
Curioso juego de palabras, incluidas las rimas: gorrión, prisión, armas…
Fuente de información:
- Diario de Avisos de Zaragoza, 24 de noviembre de 1890
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