11/6/07

ZARAGOZA. Fin de semana medieval

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Foto: C. García
Viernes 10 de junio de 2005
Colaboración leída en el programa “Hoy por hoy” de Radio Zaragoza, dirigido por David Marqueta

¡Hola, amigos!
La fantasía a veces puede convertirse en realidad. ¿Quién no ha soñado con volver al pasado y adentrarse en la época medieval, en un ambiente misterioso y guerrero, influido por religiones y culturas que se enfrentan, conviven y se regocijan con el amor?
Algunas calles y edificios de Zaragoza conservan el testimonio de la época medieval. La Seo evoca el impulso de la fe. Allí confluye el culto y el lujo. Es el orgullo de la ciudad. En la calle se escenifican los contrastes, la vida cotidiana, los oficios tradicionales, el mercado o la superstición, frente al ambiente señorial y cortesano, plagado de damas y mancebos, juglares y bufones.
Las leyendas nos adentran en esta época. Tras la reconquista de Zaragoza en 1.118, los musulmanes quisieron tomar la ciudad, la Virgen y el arcángel San Miguel capitanearon ejércitos de ángeles, que envueltos en un resplandor protegieron a los defensores de la ciudad. En agradecimiento se edificaron los templos del Portillo y de San Miguel de los Navarros.
El palacio de la Aljafería encierra leyendas. La más conocida nos habla de los amores de Manrique de Lara, el "Trovador" que inspiraría a Giuseppe Verdi su ópera "Il Tovatore".
La Zaragoza del siglo XVI nos descubre un ambiente mágico, que cobija a hechiceros, brujos, invocadores de demonios y buscadores de riquezas ocultas.
En aquella época eran comunes los exorcismos de posesos, como el que afectó a Brígida Pérez, que tras ser atendida inútilmente por médicos se puso en manos de la Iglesia. Recorrió los enclaves más reconocidos, sin ningún resultado.
Al pasar por Zaragoza, se acogió a la protección de la Virgen y al favor de sus exorcistas. Conjurados los demonios, e impelidos a que abandonaran el cuerpo de aquella mujer, contestaron que saldrían el sábado siguiente, en la misa de los infantes, y que darían cuatro golpes en la puerta de la iglesia.
Aquel sábado se congregó numeroso público para presenciar el exorcismo; mientras cantaban el evangelio se oyeron unos golpes en la puerta. Al finalizar, Brígida quedó desmayada y los demonios salieron gracias a la intercesión de la Virgen del Pilar.
Ya lo dijo Gracián:
- "En Zaragoza, hasta la misma locura tierne cura".
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